Origen de la palabra Siesta

Foto de Ketut Subiyanto: https://www.pexels.com/es-es/foto/pareja-amor-gente-hombres-4669810/
Foto de Ketut Subiyanto: https://www.pexels.com/es-es/foto/pareja-amor-gente-hombres-4669810/

La palabra siesta deriva de la hora sexta romana, momento en el cual los romanos solían descansar y dormir. Los romanos contaban las horas del día a partir de la salida del sol hasta su puesta por lo que las horas eran más largas en verano que en invierno.

Está presente en partes del sur de Europa e Hispanoamérica, pero también en China, Taiwán, Filipinas, India, Oriente Medio y África del Norte. Esta palabra viene de la hora sexta romana, que designa la hora solar sexta, correspondiente a las 12 del mediodía. Con respecto al tiempo, esta puede variar desde 20 minutos a 4 horas, o sea, alrededor de las 14 h., momento en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas.

La siesta también tiene una explicación biológica. Es una consecuencia natural del descenso de la sangre después de la comida desde el sistema nervioso al sistema digestivo, lo que provocaba una consiguiente somnolencia. Teniendo en cuenta lo copiosas que suelen ser las comidas españolas frente a otras rutinas y regímenes alimenticios europeos que distribuyen las comidas abundantes más hacia el principio de la jornada, y a la propia cronobiología: independientemente de haber comido o no, la depresión postprandial es un elemento que surge tras aproximadamente ocho horas tras el despertar. Por otra parte, en los trópicos, lugares colonizados por España, y en la misma España, situada al sur de Europa, en ese lapso es cuando hace más calor, e incluso los animales retornan a sus guaridas para descansar.

No solo tiene una explicación biológica, sino que dormir la siesta está en nuestros genes. Un nuevo estudio del Hospital General de Massachusetts descubrió que un total de 123 partes del genoma humano tienen relación con la siesta e influyen en la decisión de una persona de dormir la siesta o no. Es decir, hay algunas personas que, según su genética, son más propensas a dormir la siesta que otras. ​

Está demostrado científicamente que una siesta de no más de 30 minutos (más tiempo puede trastocar el reloj biológico natural y causar insomnio por la noche) mejora la salud en general y la circulación sanguínea (aunque esto es discutible: hay estudios epidemiológicos serios que afirman que fomenta el infarto de miocardio) ​ y previene el agobio, la presión o el estrés. Además, favorece la memoria y los mecanismos de aprendizaje y proporciona la facultad de prolongar la jornada de trabajo al poderse resistir sin sueño hasta altas horas de la noche con poca fatiga acumulada.

Artículo de opinión de Toni Catalá.

 

Deja un comentario