Las obras de la Balsa de La Portellada, desatascadas en 2018 por el Departamento de Agricultura tras años de bloqueo, avanzan a buen ritmo

El consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente, Joaquín Olona, ha visitado este martes, 6 de julio de 2021, las obras de la Balsa de La Portellada y San Gregorio II, ambas enmarcadas en el ámbito del Plan Coordinado de Obras de la 3ª parte, 1ª fase de la zona regable de Monegros II, sectores de riego VI, VII, XVII, XVIII, XIX, XXI Y XX-XXII. Tras ocho años de bloqueo, el Gobierno de Aragón conseguía en octubre de 2018 firmar un convenio con la Comunidad de Regantes de la Acequia de Ontiñena que ha permitido abordar, por fin y tras más de 8 años de bloqueo, la financiación y ejecución de ambas balsas. De este modo, se completará la regulación prevista de la Acequia de Ontiñena, conformada por tres piezas de las que, hasta ahora, únicamente se había construido el embalse de San Gregorio I que actúa como embalse de cola del canal principal construido por la Confederación Hidrográfica del Ebro.

Ambas balsas, en fase de construcción, suman un montante de 13.135.321,17 euros, de los que el Gobierno de Aragón ha puesto el 40%, es decir, 5.254.128,47 euros y el resto los regantes.

Durante su intervención, Olona ha recordado que, desde la legislatura pasada, su Departamento ha destinado 134 M€ para la creación y puesta en marcha de 16 proyectos de regadío, lo que supone un total de 29.259 hectáreas -para las que las Comunidades de Regantes han promovido una inversión total de 264 Millones de €. A esta línea, habría que sumar la de modernización de regadío, para la que desde 2016, el Ejecutivo aragonés ha publicado tres convocatorias de subvenciones por un importe de 78 millones, habiendo ya permitiendo la modernización integral de 16.740 hectáreas de regadío que benefician a 2.530 regantes.

Asimismo, el consejero ha elogiado el “carácter pionero” de la Comunidad de Regantes de la Acequia de Ontiñena, que aglutina unos 600 agricultores, y que ha supuesto “un ejemplo que, en este tiempo, ha conseguido animar a otras comunidades de regantes que han entendido a la perfección la importancia de implicarse ellas mismas desde el primer momento en la financiación y ejecución de las obras pendientes de transformación tras décadas de retrasos, ya que sin regadío no hay futuro en gran parte de nuestro medio rural más árido y desfavorecido”.

En total, la superficie beneficiada por estas obras es de 8.200 ha, de las que 6.800 tienen instalado el hidrante en parcela desde el año 2011. De dichas superficies, en la actualidad se riegan ya unas 3.000 ha a partir del embalse de cola de San Gregrorio I, si bien de forma muy deficiente dada la falta de regulación, problema que se solventará ahora con la construcción de la con la balsa de San Gregorio II. El resto de superficie todavía en secano, podrán regarse desde la balsa de La Portellada, que será la de mayor tamaño.

La Balsa de La Portellada estará en funcionamiento en la primavera de 2022, y está diseñada para la puesta en riego de unas 5.000 ha.

La Balsa de La Portellada, actualmente en ejecución, está prevista para los sectores VI, VII, XVIII y XIX, en los términos municipales de Ballobar y Fraga. En total son unas 5.000 ha de las cuales 3.600 ha corresponden con los sectores XVIII y XIX que tienen hidrantes instalados y 1.400 hectáreas que restan pendientes de la red de hidrantes.

Localizada en el término municipal de Ballobar (Huesca), su finalización se contempla para la primavera de 2022 y dispondrá de un volumen total de embalse superior a 0,5 hectómetros cúbicos de capacidad. Su sistema de llenado es por gravedad, mediante un canal de entrada desde la propia Acequia. Se construye semiexcavada en el terreno e impermeabilizada con geomembrana de Polietileno de alta densidad.

San Gregorio II solventará el problema actual de riego en condiciones muy precarias de cerca de 3.000 hectáreas.

La balsa de San Gregorio II, localizada en el término municipal de Ontiñena (Huesca), cuenta con un volumen total de embalse de 0,3 hectómetros cúblicos de capacidad. Se construye semiexcavada en el terreno e impermeabilizada con geomembrana de Polietileno de alta densidad. Aportará la regulación necesaria para que las cerca de 3.000 ha que ya han empezado a regarse con mucha dificultad, puedan hacerlo con normalidad, permitiendo asegurar la rentabilidad de las importantes inversiones que se están llevando a término en la zona, con importantes plantaciones frutales de todo tipo, incluyendo plantaciones innovadoras como kiwis o granados, constituyendo un revulsivo para la economía y generación de empleo en la comarca.

Sostenibilidad económica, social y ambiental

Los regadíos de Monegros II se iniciaron en 1986 mediante la publicación del Real Decreto que aprobó el Plan General de Transformación de la zona. El proyecto, en su fase central y oriental, sufrió diversas vicisitudes ambientales a mediados de los años 90 que, para su desbloqueo y cumplimiento de la Directiva de Conservación de Aves Silvestres ante la Comisión Europea, condujeron a la declaración, por parte del Gobierno de Aragón, de 103.000 hectáreas de Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) en el área de actuación. Ello supuso, además, reducir un tercio las futuras superficies regables, pasándose de las 65.000 hectáreas inicialmente planificadas a poco más de 40.000 hectáreas finalmente regables de las que, a fecha de hoy y habiendo pasado 32 años, tan solo se riegan 15.700 hectáreas. Todo lo cual conllevó en amplias zonas y a través de las concentraciones parcelarias, la división de las explotaciones de los agricultores en una parte regable y la otra no regable distantes entre sí, con el fin de repartir entre todas las cargas derivadas de la compensación ambiental.

Con la finalización de las obras pendientes de Monegros II, se alcanzará el necesario equilibrio entre la sostenibilidad ambiental de una zona árida como esta, con valores naturales destacados que han justificado la declaración de las referidas 103.000 hectáreas de Zonas de Especial Protección de Aves, y la también necesaria sostenibilidad económica y social que supondrá terminar las obras de regadío que asegurarán oportunidades de futuro para las nuevas generaciones.

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