El Alcañizano Jesús Millán, entra en la sexta edición de promesas de la alta cocina.

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Noticia de Heraldo.com

Esta misma semana la prestigiosa escuela de cocina Le Cordon Bleu de Madrid anunciaba los nombres de los 50 jóvenes que han logrado superar la primera prueba de la VI edición del Premio Promesas de la alta cocina entre los que se encuentran cuatro aragoneses pertenecientes a centros de formación oscenses y zaragozanos.

Se trata del alcañizano Jesús Milián y su compañero Jorge Mas, del CPIFP de San Lorenzo de Huesca; María Ibáñez, del CPIFP Movera de Zaragoza y David Lorente, de la Escuela de Hostelería TOPI también ubicada en la capital aragonesa. Todos ellos han logrado colarse en la semifinal de la conocida prueba en la que han concurrido 38 centros de enseñanza de 24 provincias de España.

Desde Huesca, Jorge Mas y Jesús Milián se muestran emocionados tras recibir la noticia, claro, pero sobre todo por compartir la experiencia juntos, ya que, tras cuatro años estudiando dirección de Cocina en el CPIFP de San Lorenzo de la capital oscense, se han convertido en grandes amigos. «Fueron los profesores los que nos animaron a presentarnos, entonces no sabíamos que seríamos dos de los elegidos», recuerda Mas, natural de la Comarca del Bajo Aragón – Caspe (Teruel).

A sus 21 años reconoce que desde que era pequeño soñaba con ser cocinero: «Ahora me gusta más la cocina moderna, eso sí, sin olvidar las bases de la cocina tradicional. El día de mañana sueño con dirigir mi propio restaurante». En su opinión, tener la oportunidad de estudiar en una de las mejores escuelas de cocina del mundo sería “todo un sueño”. El turolense proviene de una familia de agricultores dedicada, sobre todo, al melocotón. Igual que él, Jesús Milián no solo comparte aula sino también raíces ya que el joven de 20 años nació en Alcañiz.

«Nos enteramos antes por los medios que por el centro, ya que no habíamos revisado el correo electrónico», explica Milián, todavía incrédulo. «Siempre tienes la esperanza de ser seleccionado pero hay tantas escuelas y tanta gente… es complicado», afirma. Al igual que su compañero y amigo, cursa el cuarto año de dirección de cocina, aunque en su caso dedica el resto del tiempo a trabajar en la cocina de un restaurante ubicado en La Fresneda, en Teruel.

En su opinión, el hecho de ser amigos es una de sus mayores fortalezas: «Solemos cocinar juntos muchas veces, sabemos cómo trabajamos e incluso pensamos juntos sobre lo que vamos a hacer». Además, el joven tiene claros los ingredientes que les convertirán en dos de los diez finalistas: «Hay que tener ganas, una buena base de cocina y sobre todo, sorprender».

El objetivo de ambos aragoneses es lograr la beca que obtendrá el primer clasificado, valorada en más de 23.000 euros. El segundo clasificado se hará con una beca de 8.500 euros para estudiar un certificado a escoger entre las disciplinas de Cocina, Pastelería o Cocina Española. Por otro lado, la organización de la escuela premiará al centro del alumno finalista con una ayuda económica de 1.500 euros.

Desde la Escuela de Hostelería TOPI de Picarral, David Lorente (17) lo tiene claro. «Estoy muy contento y con muchas ganas de demostrar lo que sé y lo que he aprendido durante mi paso por la escuela», afirma. «Me decanto por la cocina vanguardista y creativa, pero manteniendo los sabores tradicionales. Hay que buscar el equilibrio», critica el joven.

Por su parte, el zaragozano asegura verse «con posibilidades» de llegar a la final. Para pasar a la final, los preseleccionados deben de enviar una vídeo receta antes del 22 de enero en la que contarán con un ingrediente base común para todos. «Creo que este año la prueba puede tener que ver con el pescado, aunque me gustaría que fuera un plato de aves o caza», reconoce. Nada que ver con las tendencias de la cuarta persona seleccionada en la competición, y única mujer representando a Aragón, se trata de María Ibáñez, de 18 años, y estudiante de 2º de Pastelería en el CPIFP Movera.

«Me presenté porque me animaron desde el centro y también mis compañeros de clase. Siempre he soñado con estudiar allí y me siento muy orgullosa, también por ser la única mujer que va por Aragón», reconoce Ibáñez. Además, asegura que se trata de un sector que está cambiando en cuanto a los roles que se reparten en las cocinas: «en mi clase, por ejemplo, somos todo chicas menos un compañero. Creo que las mujeres nos lanzamos cada vez más».

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