“TURIA” PUBLICA CORRESPONDENCIA INÉDITA DE LUIS BUÑUEL.

Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email
Print this page
Print

Chismorrea con tus amigos de CBA

[et_pb_section admin_label=»section»][et_pb_row admin_label=»row»][et_pb_column type=»4_4″][et_pb_text admin_label=»Texto» background_layout=»light» text_orientation=»left» text_font_size=»14″ use_border_color=»off» border_color=»#ffffff» border_style=»solid»]

SE TRATA DE CARTAS DIRIGIDAS A JEAN-CLAUDE CARRIÈRE.

TAMBIÉN SE RINDE HOMENAJE AL HISTORIADOR ALBERTO GIL NOVALES, GRAN ESTUDIOSO DEL LIBERALISMO ESPAÑOL.

El cineasta español más universal, Luis Buñuel, vuelve a protagonizar las páginas de la revista TURIA con nuevo material inédito. Si el pasado año, la publicación cultural dedicó un espectacular monográfico a analizar la etapa de “Buñuel en México”, ahora da a conocer una parte de su correspondencia: la que mantuvo con su gran amigo y colaborador Jean-Claude Carrière. En concreto, en su número del próximo mes de marzo, TURIA desvelará varias cartas del epistolario Buñuel-Carrière relativas a una de sus grandes películas, “Belle de jour”, y al proyecto nunca filmado sobre “Las bombas de Palomares”.

Por otra parte, el próximo número de TURIA se ocupa también de glosar la brillante labor realizada por el historiador Alberto Gil Novales, gran estudioso del liberalismo español, fallecido hace poco más de un año.

ALGUNAS CARTAS DESCONOCIDAS DE BUÑUEL

Javier Herrera, uno de los grandes especialistas en Buñuel, publica en TURIA un interesante artículo sobre algunas de las cartas que el cineasta de Calanda dirigió a Jean-Claude Carrière, su fiel colaborador francés y buen amigo.

Desde que Carrière conociera a Buñuel en el Festival de Cannes de 1963, puede decirse que fue, a excepción de su mujer Jeanne, la persona con la que más tiempo y mayor intensidad convivió el célebre director de cine.

Carrière y Buñuel pasaban juntos largas temporadas trabajando en los guiones pero, en los intervalos de dichos encuentros, “llenaban el vacío informativo y la necesidad de saber el uno del otro mediante el ejercicio del género epistolar, en el que, como tantas veces solía repetir, Buñuel se consideraba (un poco exageradamente como en tantas otras cosas), como un auténtico  ágrafo; a pesar de ello en el archivo particular de Carrière (de donde proceden) se encuentran 73 cartas suyas,  un número bastante considerable, frente a las 18 escritas por el francés—conservadas todas ellas en la Filmoteca Española de Madrid”

Según indica Javier Herrera, “las cartas de Buñuel—la mitad escritas en francés y la otra mitad en español—abarcan una cronología que se inicia en México el 6 de noviembre de 1965 en respuesta a una de Carriére en París del 25 de octubre relacionadas ambas con la escritura del guión de ‘El monje’, y concluye el 10 de abril de 1983 también en México, unos pocos meses antes de su muerte (acaso la última que escribió)”.

En el artículo que TURIA dedica a la correspondencia de Buñuel, Javier Herrera presenta  una selección que gira en torno a dos cuestiones: las relacionadas con Belle de Jour y con Las bombas de Palomares, un proyecto nunca realizado.

Por ejemplo, la primera noticia sobre la película que protagonizara Catherine Deneuve la encontramos euna carta de Buñuel fechada el abril de 1966: “Entre nosotros, tema absurdo pero tentador… Se trata de “Belle de jour”, de Kessel. Un ensayo sobre putas con conflictos espantosos entre el Super Ego y el Ello… ¡Todo lo contrario de lo que pretende el cine moderno! Un argumento, muy, muy organizado dentro de un artificio muy atractivo”.

En otra carta, fechada en julio de 1967, Buñuel informa a Carrière que ha tenido una oferta de adaptación de procedencia inglesa que le ha gustado mucho: “Se trata de un reportaje admirable: un volumen de un periodista del New York Times cuyo título es ‘The Bombs of Palomares’… El tema del film es de los [más] maravillosos de nuestra época. Por supuesto, si saliera, haríamos nosotros el guión juntos y después yo cogería a un miserable ‘ghost writer’ inglés para anglosajonizar nuestro alumbramiento”.

En la siguiente carta, del 10 de agosto, le confirma que tiene vía libre para escribir y realizar Las bombas de Palomares: “Nosotros—dice con su proverbial sentido del humor—podríamos disponer de la escuadra americana según lo que el productor ha dicho a Paulette. Pero él me pregunta si mi intención es ir a favor o en contra de los Estados Unidos. Yo le respondí que me dejaría emascular antes de hacer nada a FAVOR, que me mantendría en una objetividad total (para este hermoso país ser neutral quiere decir estar en contra) y he previsto que pueda estar en la lista negra de la patria de Truman. Por eso creo que en estas condiciones es mejor pensar que el asunto está jodido… ¿Se imagina usted entrando los dos en las bases secretas de los americanos en España? ¿Y a mí echarle una bronca al almirante americano porque su portaviones no ha maniobrado a tiempo para entrar en cámara? Pero yo quisiera que leyera el libro, es un reportaje extraordinario. Yo le llevaré mi ejemplar”. Por desgracia, el proyecto nunca se llevó a cabo.

ALBERTO GIL NOVALES, MUCHO MÁS QUE UN HISTORIADOR

Cuando ha transcurrido poco más de un año de la muerte de Alberto Gil Novales, TURIA aprovecha este primer aniversario para brindar al lector un útil, didáctico y recomendable artículo divulgativo de Lluís Roura acerca de la trayectoria intelectual  de uno los historiadores de referencia del liberalismo y del siglo XIX español.

Aunque nacido en Barcelona en 1930, formó parte de una familia querida y arraigada en Huesca y en la que también destaca la figura de su hermano, el escritor Ramón Gil Novales. Buena prueba de esos vínculos aragoneses es que legó su espléndida biblioteca al Instituto de Estudios Altoaragoneses, entidad de la que fue consejero honorario.

En Alberto Gil Novales obra intelectual y dimensión vital van unidas. De ahí que  declarara que había comenzado “trabajando sobre la revolución liberal en España, no por una elección sabia y rigurosa, sino porque me lo pedía mi propia vida”. Según Lluís Roura, fue así que se convirtió en un “furibundo lector” hasta el final de su vida y en “un inquieto profesor que estrecharía lazos importantes con el mundo universitario más allá de nuestras fronteras, incluso en los años difíciles del franquismo; y en el ciudadano comprometido con los principios de la Ilustración y la Revolución”.

Su afán como lector le llevó tempranamente a descubrir a Joaquín Costa. De donde arrancó su indagación sobre los orígenes del liberalismo en España. Un acicate que, como el propio Gil Novales manifestaba, le acompañaría hasta el fin.

De la impresionante labor como historiador de Alberto Gil Novales dan fe sus trescientos estudios publicados, de los cuales en torno a la treintena son libros. Entre ellos sobresalen títulos fundamentales de la historiografía española del siglo XX como: “Las Sociedades Patrióticas (1820-1983)” o el “Diccionario Biográfico de España (1808-1833). De los orígenes del liberalismo a la reacción absolutista”.

“Ante la crisis que vive el mundo en este convulso siglo XXI Alberto Gil Novales señalaba que la Ilustración y el contenido esencial de la Revolución francesa son hoy nuestros puntos de referencia». Y es que, como asegura Lluís Roura, “a pesar del negro panorama en el que veía inmerso el mundo actual [Gil Novales] nunca renunció al trabajo, a la crítica, ni a la esperanza para intentar cambiar las cosas”

 

 

 

[/et_pb_text][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section]

Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email
Print this page
Print

Chismorrea con tus amigos de CBA

Deja un comentario