Paradoja en Europa: salarios, productividad e inflación se desvinculan

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La teoría económica dice que los salarios están vinculados a la productividad, es decir, que las mejoras de productividad irán reflejadas a las mejoras salariales de los trabajadores y que las presiones salariales repercuten en altas tasas de inflación

Pero lo cierto es que en Europa ha estado mostrando una paradoja interesante para analizar en relación a los salarios, al avance de la productividad y los niveles de inflación en los últimos años.

Los salarios han aumentado más rápidamente que la productividad en muchos países europeos, pero los signos de presiones subyacentes sobre los precios de consumo siguen siendo limitados.

Para arrojar luz sobre este rompecabezas, vamos a ver específicamente el vínculo entre el crecimiento salarial y la inflación en Europa y los factores que influyen en la fortaleza de la transferencia de los costes laborales a los precios al consumidor.

Como vemos en el siguiente gráfico, históricamente, el crecimiento de los salarios conduce a una mayor inflación, pero esta premisa se ha debilitado desde el año 2009. El traspaso es significativamente menor en períodos de expectativas de inflación moderadas, mayores presiones competitivas.

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Los precios nominales de los salarios y las condiciones del mercado laboral vinculados a la productividad han estado mejorando en Europa desde 2013, con un fuerte crecimiento del empleo y una caída del desempleo a niveles inferiores a los de la crisis en la mayoría de las economías.

En Europa, la diferencia entre el crecimiento salarial ajustado en función de la productividad y la inflación es menor, de alrededor de 0,4 puntos porcentuales, pero sigue siendo considerable en comparación con 2000-16.

En varios de estos países de la UE, el crecimiento anual de los salarios reales llegó a superar en más de un punto porcentual el aumento de la productividad desde comienzos de 2017.

La aparente desconexión entre la evolución de los salarios y de los precios en Europa en los últimos años es desconcertante. En principio si el crecimiento de los salarios reales excede las ganancias de productividad, esos mayores costes de la mano de obra a los que se enfrentan las empresas eventualmente deberían elevar los precios de los productos y servicios que proveen. Pero esto no es lo que está pasando.

Los costes laborales constituyen una gran parte de los gastos empresariales en Europa, el 53% en los países de la UE. Sin embargo, la inflación se ha mantenido obstinadamente por debajo del objetivo en muchos países, a pesar de que en los últimos tres años se han cerrado las brechas de producción y se han registrado rápidos aumentos de los salarios ajustados en función de la productividad.

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Una variedad de factores pueden explicar este rompecabezas. De como los salarios, a nivel europeo, avanzan en ausencia de presiones inflacionistas que se van debilitando.

Factor competencia

Un problema que surge para las empresas (que no para el consumidor) es la competencia. Las estrategias de fijación de precios de las empresas dependen en gran medida de su exposición a la competencia, ya sea nacional o extranjera.

Traduciendo, en un entorno más competitivo, las empresas pueden ser reacias a trasladar los aumentos de costes a los consumidores por temor a perder cuota de mercado frente a los competidores o a ser expulsadas del mercado.

Tenemos que tener en cuenta es que Europa es una de las regiones del mundo más abiertas al comercio internacional y más profundamente integrada en las cadenas de suministro mundiales. El dato más significativo es que entre 1999 y 2010 el comercio exterior de la UE se duplicó y ahora representa más del 30% de su PIB.

De hecho, las encuestas de la Red de Dinámica Salarial del Banco Central Europeo indican las preferencias por parte de las empresas de la UE están más dirigidas a reducir otros costes en lugar de aumentar los precios en respuesta a las perturbaciones salariales cuando operan en un entorno más competitivo.

Factor expectativa inflación

En Europa las expectativas inflacionistas están por los suelos. Las últimas revisiones sobre la espectativa de infracción dentro de la Unión Europea han sido revisadas constantemente a la baja. A día de hoy, la inflación medida por el IAPC se situará, en promedio, en el 1,2 % en 2019, descenderá hasta el 1% en 2020.

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Cuando nos encontramos un escenario en el que las empresas esperan una inflación baja, es probable que consecuentemente perciban los aumentos de costes como transitorios o coyunturales.

Fruto de esta interpretación, pueden ser reacias a repercutir mayores costes laborales en los consumidores, ya que esperan que sus competidores suban sus precios sólo moderadamente. Y, ligando con el primer factor citado, si repercutirán esos costes se enfrentarían al riesgo de perder cuota de mercado.

Así pues, es probable que la estabilidad de precios, por ejemplo, debido a la mejora del anclaje de las expectativas de inflación, reduzca la sensibilidad de la inflación al crecimiento de los salarios.

Por el contrario, es probable que los aumentos de costes sean percibidos como más persistentes en países con una inflación relatuvamente alta y expectativas de inflación más altas. En ese contexto, las empresas sí son más proclives a repercutir esos costes al consumidor, obteniendo más inflación.

Factor beneficios empresariales

El reciente aumento de los salarios ajustados en función de la productividad fue acompañado de una disminución de la participación en los beneficios empresariales. Desde principios de 2017, los beneficios de las empresas han disminuido cada año.

Este patrón sugiere que las empresas están utilizando sus reservas de para absorber el crecimiento salarial más rápido que hemos visto, en lugar de pasar los costes laborales más altos a sus clientes.

En los países y períodos en los que la participación en los beneficios del sector empresarial en toda la economía es relativamente elevada, una proporción significativamente menor del crecimiento salarial se refleja en la inflación de los precios al consumo. En Europa, aunque el avance de los resultados empresariales es pobre, el porcentaje de beneficios sobre el Valor Añadido Bruto es relativamente alto, del 40%.

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Nos encontramos con que con un aumento de 1 punto porcentual en los costes laborales conduce a un aumento acumulativo de la inflación de sólo 0,7 puntos porcentuales durante el período de tres años, cuando se evalúa en el 75º percentil de la distribución de la rentabilidad empresarial.

Si nos enfocamos a aquellas empresas que tienen mayores problemas de rentabilidad empresarial, con beneficios escasos (percentil 25º de la distribución de la rentabilidad corporativa), el impacto del crecimiento salarial sobre la inflación es 2,5 veces mayor, con un impacto algo mayor.

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