May acorralada: las nuevas piezas de Bruselas en el puzle del Brexit pueden hacer saltar todo por los aires

Chismorrea con tus amigos

 

La historia interminable de las negociaciones del Brexit puede estar a punto de terminar. Y además hay ahora una alta probabilidad de que pueda hacerlo abruptamente, amenazando seriamente con hacer descarrilar a la ex-locomotora británica con un letal Brexit sin acuerdo

 

Pero los titulares tampoco deberían sorprendernos, con un transcurso plurianual de estas negociaciones en el que las amenazas y las soluciones radicales han sido siempre puestas sobre la mesa por los británicos.

Aunque esta vez probablemente el desenlace puede ser muy diferente, porque hay un significativo cambio de actitud y un nuevo movimiento por parte de Europa sin precedentes en la Historia británica más reciente. Y además de poder resultarles humillante, hiriendo profundamente un orgullo británico que siempre ha estado a flor de piel, lo cierto es que a los británicos no les va a bastar para capear este desastre ni con la sangre, el esfuerzo, las lágrimas y el sudor que decía Churchill. ¡Ay, si el pobre Churchill levantara la cabeza!

 

 

La crónica de una muerte anunciada una y otra vez

 

 

 

Como todo buen oxímoron, negociaciones y Brexit era una combinación imposible por naturaleza, y desde estas líneas siempre les hemos dicho que la batalla era desde el principio un partido totalmente perdido para Reino Unido (y por goleada). Como muestra de ellos, han abundado en los dirigentes de Reino Unido las ideas más rocambolescas y peregrinas, como fueron el épico Brexit sin Brexit, o el literario (de ciencia ficción) de sacar una legión de robots de la manga para combatir el Brexit. A cada cual más absurda. El ridículo ha sido totalmente espantoso.

Simplemente recordaremos que los motivos eran que la posición negociadora de partida de Gran Bretaña era sumamente débil, y estaba en una clara inferioridad de condiciones frente a una gran UE nación de naciones, que suponía y (aún) supone su mayor cliente, y cuyas dimensiones socioeconómicas empequeñecen a las islas británicas. Los aranceles que podía traer un Brexit sin acuerdo, o simplemente un Brexit con un mal acuerdo, iban a dañar mucho las exportaciones británicas, además de provocar un encarecimiento de sus importaciones, resultando especialmente dañinas las que afectan a subproductos que a su vez abastecen a las cadenas de producción con base en las Islas Británicas.

La realidad es que, para muchas de estas importaciones de proveedores, los británicos o bien no pueden ya producirlas por sí mismos a corto plazo, o bien no tienen sustituto importador que sea viable económicamente, o bien deberían «morir al palo» (nunca mejor dicho) de las encarecidas importaciones de proveedores europeos, que a su vez encarecerían aún más el precio del producto final británico. Así, con aranceles directos sobre el precio final, a lo cual hay que añadir aún más sobreprecio por el encarecimiento de sus proveedores, la pinza es doble para restar inevitablemente gran competitividad a los productos británicos en los mercados europeos.

Pero lo peor está por venir, y será precisamente lo que no somos ni capaces de ver

 

También mantuvimos siempre que un evento económico tan masivo como el Brexit, era un terreno abonado para todo tipo de consecuencias igualmente masivas, pero prácticamente imprevisibles tanto en su totalidad, como en todo su alcance. Es misión imposible tratar de prepararse y adelantarse con planes de contingencia a todos los problemas económicos que a buen seguro surgirán.

Y sí, tratándose de diligentes y previsores británicos, los planes de contingencia están hechos y en ejecución. Han intentado improvisar haciendo los deberes que se les iban ocurriendo, al menos los que quedaban al alcance por ser los previsibles, y, de hecho, antes de que el Brexit haya siquiera empezado, sus ondas sísmicas ya han empezado a sacudir fuertemente a todo el Viejo Continente. Y a los primeros a los británicos, que asisten atónitos a ver cómo ya pueden empezar a sentir los daños económicos hoy por hoy sin que el Brexit haya verdaderamente ni siquiera empezado, pero de cara al futuro sus previsiones económicas literalmente se desploman, el propio gobierno advierte de que Reino Unido será peor tras el Brexit, e incluso hay informes macroeconómicos del mismísimo Banco de Inglaterra que pintan un panorama desolador.

Así ha ocurrido por ejemplo en el mercado farmaceútico, y los planes de contingencia de Reino Unido han hecho que hospitales y farmacias hayan hecho acopio de medicamentos ante el posible desabastecimiento del Brexit, con el resultado de que han agotado a día de hoy existencias en almacenes de mayoristas por toda Europa. Y por cierto, algunos planes de contingencia rayan en lo más estrambótico, con cadenas de supermercados optando por el racionamiento, por la comida en lata, y por distribuir kits de supervivecia. Definitivamente, el sentido común se ha dado a la fuga en las Islas Británicas barrido por los habituales vientos procedentes del Atlántico.

Pero donde más nos hemos acercado a atisbar el carácter imprevisible de este violento divorcio es en cómo los ministros británicos entraron literalmente en estado de pánico al darse cuenta de que no había forma humana de hacerse con los suficientes pallets de mercancías homologados exigidos a los importadores de fuera de la UE. Y esto supondría tener que cortar literalmente prácticamente toda su producción destinada a la exportación a Europa. Es absolutamente lamentable y deplorable que un país desarrollado y (suponíamos) con cultura económica se vea en esta surrealista coyuntura, y todo por un reférendum basado en mentiras socioeconómicas, eso por no hablar de la sombría campaña de propaganda manipuladora masiva con la que Reino Unido fue atacado en esta particular contienda de la guerra cibersocial global..

Y en todo este sombrío panorama económico, y ante el caos político reinante en GB, llega Bruselas con nuevas líneas rojas marcadas con láser

 

Hasta el momento, lo que habíamos visto como respuesta por parte de la UE primeramente era una unidad que ya les analizamos en su día que era absolutamente clave para afrontar con éxito (o al menos sin el desastre de una auto-destrucción europea) las negociaciones del Brexit. Pero realmente, en la práctica, hasta el momento desde Bruselas mayormente se habían limitado a trazar líneas rojas dibujadas en suelo europeo, que marcaban celosamente los principios fundacionales de la UE que no se iban a quebrantar bajo ningún supuesto de divorcio.

Sin embargo, en las últimas declaraciones europeas ha habido una diferencia muy significativa en la posición de Bruselas. Ahora Bruselas, harta hasta la saciedad de las visitas de dirigentes británicos transmitiendo cada uno posiciones muy diferentes, harta de desplantes nacionales que tienen más de orgullo visceral que de asunción de la realidad de la derrota, harta de volver a negociar una y otra vez exactamente las mismas condiciones sin que haya habido cambios sustanciales en la posición contraria, harta de todo eso y de mucho más que no sabremos, Bruselas ha optado por elevar varios grados sus contramedidas, y llevar el eterno conflicto a un nuevo estadio.

Efectivamente, Bruselas ha pasado a trazar nuevas líneas rojas. Como pueden leer en esta reciente noticia de El Español, Bruselas ha lanzado un ultimátum a Gran Bretaña. La UE ha afirmado que sólo concederá la prórroga que pide May desesperadamente si la Cámara de los Comunes vota favorablemente la próxima semana al actual acuerdo de retirada. No va más. No hay más opción. O el caos repentino de un Brexit sin acuerdo el 23 de Mayo, o un mínimo de orden socioeconómico (y también político en el «hooliganizado» Parlamento).

En Bruselas ha causado sorpresa comprobar cómo May se haya atrevido en su última propuesta a incluso determinar unilateralmente la nueva fecha del 30 de Junio como «prórroga corta» de extensión del plazo de negociación del Brexit, un extremo que «plantea problemas de naturaleza jurídica y política» a los europeos, por su confluencia con las elecciones europeas. Pero lo más significativo de todo es que en Bruselas también han dejado claro que la única opción para conceder una «prórroga larga» a las negociaciones del Brexit, que podría llegar a los dos años, sería que el gobierno británico se precipitase al vacío, y se convocasen unas elecciones anticipadas en Reino Unido.

Llegados a este punto de inestabilidad, cualquier posible desenlace tiene su buena dosis de imprevisible (y de peligroso)

 

Lo realmente novedoso de esas nuevas líneas rojas puestas por Bruselas, es que están marcadas a láser sobre el mismísimo suelo patrio británico . Es un gran salto cualitativo (y con su dosis de atrevido) que ahora Bruselas pretenda abiertametne forzar acciones en la política nacional británica. De hecho, como era de esperar, las declaraciones de Bruselas de las últimas horas no han sido precisamente bien recibidas en Gran Bretaña, y tampoco por una May que está más acorralada que nunca, llegando casi a la asfixia política.

La posición europea es en verdad lógica y comprensible: demasiado han aguantado ya en Bruselas ante el errático y peregrino descontrol británico. La situación de caos absoluto en que ha degenerado la política en Gran Bretaña ha acabado por agotar la cuasi-infinita paciencia que Bruselas ha venido demostrando para con el Brexit. Y simplemente recordar en este punto que otros enfervorizados convencidos por la propaganda económica deberían tomar buena nota del auto-destructivo desenlace al que va llegando el Brexit. Que si no luego vendrán los auto-expiatorios «quién lo iba a pensar», pero el daño ya estará hecho y será irreparable.

Pero, aparte de la lógica más negociadora y de la alta política internacional, lo que ya no me atrevería a decirles es si el escenario que se abre ahora ante nosotros es ya la catástrofe Brexiteer sobre la que tantas veces les hemos advertido. La mera posibilidad de esa catástrofe debería haber sido evitada a toda costa desde Londres, en vez de haber sido utilizada como suicida arma negociadora de último recurso, siguiendo el clásico de rabieta infantil de «Pues si no, dejo de respirar». En todo caso, el panorama que tenemos por delante no es bueno en absoluto, y es potencialmente muy muy peligroso.

No podemos olvidar tampoco la vigencia de una de las tesis tradicionales de estas líneas sobre el Brexit. Y es que las autoridades europeas deberían tener en cuenta que, aunque estén «chutando» balones ante una triste portería sin portero posible, el daño que pueden infligir a la economía británica puede acabar siendo excesivo y desestabilizante para el país. Podrían incluso sumir a GB en una profunda crisis económica, en la cual el mismo populismo que trajo el Brexit pueda ir en peligroso auge. No olviden lo que pasó en la malograda República de Weimar con la ruina económica alemana tras los draconianos acuerdos del fin de la primera guerra mundial (ya saben qué vino después)… Ya se ha vuelto a demostrar una vez más que la UE ha sido el mejor invento socioeconómico de la historia del Viejo Continente, y que nos ha traído el periodo de paz más largo de los último siglos: todavía ni siquiera ha empezado el Brexit, y ya se están agitando peligrosamente las aguas del Canal de la Mancha.

Y tampoco podemos dejar de mencionar cómo en Downing Street no están inspeccionando las primeras fisuras del buque británico, que ni tan siquiera pueden ser calificadas de profundas grietas. Se trata ni más ni menos de la amenaza de que la polarización social que trajo el Brexit se convierta en un auténtico cisma civil. Líderes como Farage ya dieron buena cuenta de ello advirtiendo de que si May no ejecutaba el Brexit «cogerían un rifle y se irían a primera línea de combate». La política británica polarizada sólo es una muestra más de este cisma, pero en un plano de altas esferas. El problema real está en esa calle que algunos pretenden tomar al asalto.

La única nota para el optimismo que cabe sería que el órdago le salga bien a Bruselas, May convoque elecciones, y el pueblo británico por fin reaccionase tras haber visto de cerca las terribles consecuencias de su suicidio socioeconómico seguro. No puedo negarles que la tenue nota positiva supone esta sucesión de acontecimientos que son a cada cual más difícil, y cuya consecución sería prácticamente un milagro político y social. Vamos, que estamos apostando por algo así cómo una «doble (o triple) carambola mortal».

 

Uno de los principales riesgos que está asumiendo Bruselas es que los sectores más radicales de Reino Unido (y no sólo ellos) muy probablemente pueden ver esta nueva posición europea como una «injerencia externa» inadmisible, además de posiblemente como una humillación (nunca han tenido demasiada alternativa). Realmente puede que sea una humillación en toda regla, pero las motivaciones europeas no son infligir esa humillación, sino salvaguardar los intereses (vitales) de lo que queda de Europa. Europa lucha encarnizadamente, pero no contra Reino Unido, sino que lucha por su propia supervivencia.

Aquí los realmente irresponsables siempre han venido siendo los británicos (o al menos su «popular» veredicto democrático). ¿Cómo esperaban acaso que les iba a resultar adentrarse a toda velocidad en este callejón sin salida en el que ellos solos se han metido? Pues obviamente el asunto sólo podia desembocar en un suicidio socioeconómico, para el que además ahora están eligiendo un método especialmente doloroso. La mejor opción sería que jugasen la carta de volver a votar dado lo muy irregular del proceso de decisión del anterior referéndum, y esperemos que esta vez lo hagan contando con información veraz y rigurosa, y no con las mentiras y la desinformación con la que les inundaron el país durante aquella campaña.

El objetivo sería que voten al menos teniendo clara la absoluta barbaridad que estan cometiendo: un «Brexshit» ni más ni menos, tal y como lo llaman los europeístas británicos. Y es que todo este asunto cada vez desprende un olor a podredumbre más penetrante, hasta hacerse insoportable. En Europa no es que estemos inmersos en las cloacas de la política, sino que tratamos de avanzar chapoteando enfangados en las cloacas de la propia democracia, y algunos no dejan de tirar de la cadena del váter sobre nuestras cabezas.

 

 

 

 

 

 

 

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