Las hipotecas al 0% de interés y a tipo fijo por 20 años llegan a Europa, ¿es oro todo lo que reluce?

Chismorrea con tus amigos

Los tipos de interés llevan en Europa ya unos cuántos meses en terreno negativo, lo cual no sólo ha inflado todavía más la burbuja de bonos soberana, arrastrando a diversos bonos estatales también a terreno de rentabilidades negativas: en un contexto en el que ni los bancos se fian unos de otros, ni de sus propios clientes, la realidad es que prefieren invertir en algo seguro, aunque sea perdiendo parte del dinero. Toda una anomalía económica con tintes incluso de sinsentido.

Pero recordemos que los tipos también rigen el mercado hipotecario, una de las inversiones más importantes que hacen los ciudadanos en mercados netamente compradores de viviendas como el español. Y ahí es donde el sinsentido se torna ya en auténtica aberración: en Europa ya hay entidades concediendo hipotecas al 0% de interés. Como ven, efectivamente aberrante.

Hipotecas al 0%, sí, y sin trampa ni carton: vienen a plazo fijo y a treinta años

Hace ya unos dias, la noticia fue que en Dinamarca y Suiza ya se concedían hipotecas a tipo negativo, y que sobre el papel (que no en la práctica) el banco te pagaba por hipotecarte con él. Unos días antes, en El Blog Salmón ya les habíamos adelantado las primeras transacciones de este tipo que se materializaron, y que han acabado siendo una nueva tendencia hipotecaria en toda regla.

Así que, como pueden leer, y por increíble que parezca: se están dando hipotecas al 0% de interés y a menos. Aunque la noticia que les analizamos hoy aún va más allá, y ha sido un banco danés el primero que se ha lanzado a la piscina en la Unión Europea, y ha empezado a comercializar el dinero gratis (e incluso remunerado) para los hipotecados… Y a tipo fijo. Pero no piensen que éste es un tema meramente danés, la dimensión es inequívocamente europea: tengan en cuenta que en la propia España, y aunque aquí no sean aún a tipo fijo, con el dato de euribor más reciente, ya tenemos también hipotecas en negativo, pues entidades como Bankinter vendieron hipotecas a euribor+0,18 y sin suelo, con lo que ahora ya se encuentran virtualmente con un tipo efectivo en terreno negativo. Así que sí, como leen: hipotecas en Dinamarca al 0% y a menos, pero ahora además «para siempre jamás». En ese caso… adivino que lo primero que se estarán preguntando es dónde está el truco y esa letra pequeña tan habitual en el sector financiero (y recuerden: siempre siempre siempre hay que leérsela en detalle).

Pero en este caso no hay trampa ni cartón. El espectáculo es tan lamentablemente sorprendente como lo presentan en este circo continuo en que se han convertido nuestras socioeconomías en (casi) todos los sentidos: al fin hemos visto a la «mujer barbuda» de verdad asomar por la carpa a rayas rojas y blancas, y que está cogida con pinzas de tender. Efectivamente, esas hipotecas al 0% de interés son además a tipo fijo. Sí, sin intereses y sin posibilidad de que los pueda empezar a haber en cualquier momento. Y aún hay más: encima el plazo es a nada más y nada menos que treinta años de… ¿Tranquilidad? Se supone que, al menos para el hipotecado, esto sí que es tranquilidad de verdad… pero aunque en esta ocasión lo que reluce parezca ser oro del bueno, no olviden que hay cosas peores que nos pueden afectar seriamente en nuestra economía familiar.

Y por cierto, un inciso para informarles brevemente de que, tras el lacerante escandalazo de la manipulación del índice de referencia hipotecario por excelencia, el Euribor, hace poco que hemos estrenado en Europa una nueva forma de cálculo de este índice. La nueva fórmula ha sido diseñada concienzudamente por expertos para ser más realista, justa, y sobre todo que esté a salvo de manipulaciones como la tan execrable que sufrimos hace unos años. Puede que en Europa a veces tropecemos (como en todos sitios), pero poco a poco vamos avanzando en beneficio de todos los ciudadanos europeos en su conjunto.

Pero la tranquilidad del hipotecado puede acabar tornándose en profundo desasosiego… e incluso en angustia

Pero ¿Cómo puede ser que ese ideal de todo españolito medio, que aspira a comprarse una vivienda y no puede permitirse abonarla en efectivo, y que es que le den literalmente «dinero gratis» para ello, puede ser algo malo en algún aspecto?

Pues es que, como siempre les digo, los sistemas socioeconómicos son extremadamente complejos, y lo que parece que por la proa nos puede estar poniendo a salvo de las marejadillas, puede estar exponiéndonos a una supermarejada por la popa. Porque a primera vista puede parecer una bicoca una hipoteca como la expuesta (y de hecho lo es), pero lo es sólo siempre que el hipotecado la pueda seguir pagando. Y es que un despropósito sin sentido en términos financieros, como son las condiciones de este producto en concreto, puede llevarnos a un escenario socioeconómico en el medio plazo que deteriore fuertemente al sector financiero, y por ende al conjunto de la economía.

Así, resulta evidente que una hipoteca se puede seguir repagando a tipo cero siempre que uno no pierda su empleo por el camino, claro está. Y es eminentemente peor que una parte no despreciable de la población se vea en la imposibilidad de pagar su hipoteca, a que tenga que pagar algo de intereses por ella, pero que la pueda seguir pagando mes a mes. Y ya no es sólo la angustia existencial de dónde van a vivir que padecen los hipotecados que tristemente ven su piso embargado, también es una variable socioeconómica muy a tener en cuenta la angustia de los que la pueden seguir pagando, pero están realmente agobiados por si van a poder seguir pagándola en un futuro. Y esto, una vez más, es parte de esa socioeconomía de amplio espectro y disciplinas híbridas, pero que muchas veces ni se mide ni se tiene muy en cuenta.

No olviden esas lecciones tan vitales económica y personalmente que nos dejó la funesta Gran Recesión, durante cuyo estallido los que se quedaron sin empleo dejaron en muchos casos automáticamente de poder pagar su hipoteca, consumir y tirar de la economía (y a veces incluso cayendo en la exclusión social). Pero es que además, los que conservaron su empleo y buena parte de su poder adquisitivo estaban tan asustados por la coyuntura económica que tampoco consumían. Si los que pueden todavía tirar del carro de la economía no se atreven a hacerlo, y prefieren guardar fuerzas para lo que pueda venir, pues entonces ya «apaga y vámonos». Y claro, así, en 2008 y 2009, calles de comercio exhuberante como la calle Preciados de Madrid o el Paseo de Gracia de Barcelona estaban que daba pena verlas incluso en época de compras navideñas. No es ya que no se viese apenas gente comprando en unas calles que otrora estaban rebosantes de efervescente actividad comercial, es que su ambiente general era ciertamente triste y deprimente.

¿Y cómo es posible que esto sea un buen negocio para los bancos?

Pues en estas líneas ya saben que llevamos en nuestro ADN el decir la verdad y el ser rigurosos. Y bajo ese compromiso para con nuestros lectores (y para con nosotros mismos), debemos reconocer que estas «anti-hipotecas» buen negocio bueno negocio no lo son (en absoluto); al menos no en términos netos. Obviamente, el negocio bancario presta dinero como materia prima, y lógicamente espera obtener una rentabilidad positiva por ello. Pero en estos tiempos de represión financiera podemos llegar a extremos absurdos, como que los bancos puedan llegar incluso a perder dinero al prestarlo, a pesar de ser la base de su negocio más tradicional.

Porque no es sólo que usted no vaya a pagar ni un céntimo en concepto de intereses durante los próximos 30 años; no, no es sólo eso (ojalá la cosa se quedase ahí). Es que sólo con eso su banco ya está perdiendo dinero, y pierde dinero a espuertas teniendo en cuenta el efecto agregativo de su hipoteca más la de todos los demás miles de clientes. El dinero lo pierde su banco porque obviamente tiene unos costes de comercialización, de alquiler de oficinas, de empleados de atención al público, de su página web, de sus servicios centrales, etc. que no puede ni siquiera cubrir, con lo que su rentabilidad se va a ver seriamente afectada.

Y con ese inevitable y relevante impacto negativo en la rentabilidad de su banco,también hay un inevitable impacto en esas esenciales provisionesbancarias, que deberíamos recordar que son esenciales para vadear los baches como la pasada Gran Recesión. No sólo es altamente probable que estemos lanzándonos al mar a navegar avecinándose una terrible tormenta y sin combustible, es que además estamos pinchando el bote salvavidas. ¿Por qué diantres comercializan entonces los bancos un producto con el que pierden dinero?

La verdadera razón por la que los bancos se han lanzado a regalar su producto

Pues la razón es muy sencilla, y entra en la lógica más elemental. Tiene mucho que ver con los términos comparativos y con el coste de oportunidad, aunque aquí muchas de las oportunidades que se precien se midan en rojo. Lo hacen porque con ese producto y en esas condiciones puede que pierdan dinero, pero pierden menos dinero que con otras alternativas de inversión con rentabilidades marcadamente en terreno negativo, como por ejemplo el «Bund» o bono alemán, o, sin ir más lejos, simplemente el mero hecho de depositar su dinero en el BCE con la tasa de facilidad de depósito (lo que el BCE cobra a los bancos por guardar su dinero) también en terreno negativo.

Algunos bancos como el alemán Commerzbank y otros llevan ya varios años planteándose volver a la época en la que guardaban su dinero físicamente en cámaras acorazadas, pero esto también tiene hoy en día un coste muy alto, y de nuevo puede seguir siendo más barato «colocar» ese dinero entre los hipotecados de perfil (esperemos) prime. Y digo de perfil prime por aquello de que en el fondo los bancos siguen sin acabar de fiarse unos de otros, y siguen recordando el intenso dolor de la morosidad de aquellas hipotecas «sub-prime» que algunos juraban y perjuraban que en España no existían, garantizando vehementemente que España estaba a salvo de la crisis financiera que desataron, y que todo era «una simple tormenta financiera sin implicaciones sobre la economía real». Zapatero a tus zapatos.

Es de esperar que no vuelvan a cometer los excesos de aquella «feliz» época en la que tal vez no las llamásemos aquí «sub-prime», pero el hecho es que había miles de hipotecas concedidas por el 100% del precio de tasación (e incluso por el 120% para financiar la compra de los muebles y de dos coches de alta gama), concedidas también en muchos casos a personas de perfil crediticio muy bajo, sin avales y sin estabilidad laboral. Pues efectivamente no tendríamos hipotecas «sub-prime», pero estábamos de «hipotecas basura» cargados hasta las cejas. Y así nos fue. Así que esperemos que esos bancosque ahora se ven abocados a vender su dinero gratis, al menos no cometan los despropósitos del pasado, y eviten colocarlo entre clientes que tienen una alta probabilidad de no poder devolvérselo ni aunque sea con tipo al 0%.

Y no descarten que puede que incluso nos acaben presentando efusivamente el éxtasis de la «liberación financiera» con las suicidas hipotecas sub-zero

Todo este despropósito bancario y financiero producto de la represión financiera no tiene visos de ceder a corto y medio plazo. Ni mucho menos. En un mundo en el que los bancos centrales tienen su arsenal vacío para luchar contra esa próxima gran crisis que desde estas líneas fuimos de los primeros en señalarles, y sin perder de vista nuestras propuestas de futuro para paliar la situación, no es de extrañar que los tipos prometan con adentrarse en terreno todavía más negativo. Así lo manifestaron los propios responsables del BCE, y recuerden además que esto ya no es cosa limitada estrictamente al BCE: esto también tiene un impacto y se contagia en parte a las decisiones de otros Bancos Centrales, según ya analizamos. Es por ello por lo que este tipo de hipotecas cero (de verdad) puede ser que las sigamos viendo, y que cada vez se vuelvan más habituales.

Pero tampoco descarten que podamos incluso llegar a ver generalizadas las propias hipotecas sub-cero: la funesta ecuación de coste de oportunidad negativo podria funcionar de la misma manera y así justificar su viabilidad práctica, que no teórica. Y los problemas no sólo pueden venir por los costes actuales que tiene el negocio bancario y que no puede cubrir ya hoy por hoy. Ojalá. No, eso no es ni mucho menos ni lo único ni lo más peligroso de estas hipotecas gratis para todos. El tema grave de verdad es que los bancos están apalancándose a futuro, y jugándose por las bravas su viabilidad futura con las implicaciones sistémicas que este sector siempre tiene.

La cuestión de la inviabilidad viene de la que es la mecánica más básica del negocio bancario: prestar a largo plazo y financiarse a corto. Es así porque un banco presta su dinero en créditos al consumo pagaderos en varios años, o bien incluso en créditos hipotecarios con plazos de hasta 30 y 40 años. Pero el dinero que presta el banco lo tiene usted y lo ha dedicado a la compra de su piso. El hecho es que el banco tenía ese dinero, y para seguir teniendo liquidez, poder seguir operando, y seguir siendo viable, como cualquier otra empresa, su banco tiene que ir evaluando constantemente los flujos de caja y, cuando le hace falta dinero, acudir al mercado a financiarse de forma recurrente mes a mes.

Es por eso, y no por el plazo al que se contrate esa financiación de su banco en los mercados (que también puede ser a varios años), por lo que decimos que el banco se financia a corto. Y el peligro está en que, si los tipos empiezan a repuntar (y créanme: en 30 años de la vida de su hipoteca pueden pasar muchas cosas), esa financianción a corto que necesita su banco se le encarece de forma instantánea, pero sin embargo a usted le ha entregado varios cientos de miles de euros a tipo 0%. Y lo que es peor (incialmente, para su banco): sin opción durante los próximos 30 años a hacer que esa hipoteca pueda ser adaptada a las nuevas condiciones de mercado, que sin embargo su banco sí que va a tener que encajar de alguna manera (esperemos).

El riesgo cierto es la muerte por auto-estrangulamiento cometido por su propio banco, porque aunque la operativa habitual es que su banco cubra su riesgo de tipo de interés en los mercados con productos derivados, no es menos cierto que el riesgo sigue estando ahí, y habría que ver si ante determinadas situaciones económicas los mercados derivados no se quedan secos. Esto ya ocurrió en determinados momentos de la pasada Gran Recesión, en los cuales no era posible encontrar contrapartida en el mercado ni siquiera para cerrar las posiciones que se habían quedado sin garantías, lo cual es todo un armageddon en esos mercados derivados que podría acabar haciendo sucumbir en cadena a todo el sector financiero en su conjunto como si fuera un simple dominó.

Así que no se crean a salvo con su hipoteca invariablemente al 0%: ya saben que, primeramente, los cadáveres bancarios se caracterizan por contaminar con su hedor toda la economía y que acabemos pagando su resurrección entre todos, y en segundo lugar, está el tema que citábamos antes de que con otra Gran Recesión (o incluso Gran Depresión) usted y muchos otros millones de ciudadanos puedan perder su empleo. Y es que, en estos tiempos de represión financiera, realmente cualquier cosa es posible, por muy aberrante que pueda parecer en términos económicos.

Tengan en cuenta que en economía toda anomalía se acaba pagando de alguna manera (sobre todo si es extrema como es el caso), y casi con total seguridad toda aberración acaba trayendo de la mano un monstruo (ya no es ni cisne) negro negrísimo que puede devorar todo a su paso. Y claro, luego pretenderán hacernos creer que el monstruo salió de la nada, avanzó entre las sombras, y nos devoró a todos sin que se pudiese siquiera prever. Pues nada, aquí está la previsión, para que, si finalmente la amenaza se acaba materializando, que al menos tengan que buscarse otro argumento para su justificar su expiación. Hay dirigentes que de lo único que se preocupan es de no tener ellos la culpa, cuando lo mejor es que no haya ninguna culpa que quitarse de encima. El mejor problema (también socioeconómico) es el que no llega a suceder.

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