La educación democrática de este país.

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Chismorrea con tus amigos de CBA

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Hace unos meses, cuando acudí a la librería a comprar un par de manuales que necesitaba para la carrera, me percaté de un libro totalmente negro salvo por dos detalles. Destacaba el escudo de España en un tono amarillento y casi comenzando a emborronarse. Pero aun más impactante podría ser su título, La democracia no ha sobrevivido, con el “no” específica e imponentemente destacado en color rojo.

Yo, como buen lector que se precie, no hice ascos a un libro que tanto había llamado mi atención y decidí comprarlo. En sus páginas, el autor, Ángel Cristóbal, había plasmado su particular visión de la Historia política y democrática española, y  yo detestaba y apreciaba cada uno de sus argumentos a partes iguales.

Aunque fue un párrafo, que todavía recuerdo, el que más me sorprendió. «Pues bien, el pueblo español nunca ha sido, ni lo es hoy día, un pueblo ideológica y políticamente tolerante, sino que desea y aspira conseguir sus deseos con razón o sin ella, volentis nolentis y, a poder ser, destruyendo al adversario antes que pactando con él […]. La política de tierra quemada, de «al enemigo ni agua» y de segar la hierba bajo los pies de aquel con el que se pelea sería, en consecuencia, las obligadas secuelas de una concepción primitiva, bárbara y sanguinaria del combate político […]. En España, la pelea política siempre es a muerte». Por aquel entonces me negaba a aceptar tal idea. A día de hoy no me queda más remedio que resignarme a admitir la veracidad de estas palabras.

Unos resultados electorales que sitúan a los partidos políticos en una posición casi idéntica a la anterior podría ser la lectura tras las últimas votaciones. No obstante, las impresiones al reparto de escaños han sido muy distintas a las pasadas elecciones. El rechazo a la “derrota” ha sobrepasado la crítica (lo cual sería común en una sociedad democrática) derivando en escarnio y vejaciones, enfrentando al prójimo y convirtiéndolo en el enemigo.

Bastaba un paseo por las redes sociales los días posteriores a las elecciones para leer comentarios e imágenes que exceden los límites de la libertad de expresión para convertirse en insultos. En tanto estos agravios se dedicaran a los representantes políticos podría considerarse criticables cuanto menos (por supuesto, incluso pudiendo tratarse de hechos constitutivos de delito). El problema radica en que ahora, en muchas ocasiones, el sujeto ofendido es el propio elector.

Lo que yo llamo la política del odio o del enemigo se basa en tratar al adversario político como si fuera el peor de los demonios que nos haría padecer las penas descritas en el Infierno de Dante. Claramente, el insulto es un medio propicio para ello.

Mas nuestra gran preocupación debe ser que palabras como gilipollas, borrego o inculto se dirijan a los electores, a quienes, en una democracia, se les debe el máximo respeto, así como a la opinión discrepante, pues de lo contrario poca diferencia podríamos encontrar con el ambiente rencoroso que se puede respirar en algo tan temible como es  una guerra civil.

El escarnio al político es preocupante. Al ciudadano es antidemocrático y demuestra la educación de quienes, precisamente, más democracia reclaman en nuestro país. Algo realmente alarmante ocurre cuando se sustituye el diálogo y el respeto por el insulto. Procuremos desenterrar la esencia de la democracia de este país (si alguna vez la ha habido) y dejar atrás el odio, el egoísmo y el interés. Ojala el espíritu revanchista sea reemplazado por el debate, respeto y acuerdo para no tener que dar nunca la razón a ese libro y afirmar que “la democracia no ha sobrevivido”.

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Nacido en Alcañiz el 29 de abril de 1994. Superó el bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales en el año 2012. Este joven comenzó los estudios del Grado en Derecho por la Universidad de Zaragoza en ese mismo año y afirma el ejercicio de la abogacía como vocación.

Amante de la música se describe como músico aficionado e integrante de la Asociación Unión Musical Nuestra Señora de los Pueyos.

Anteriormente publicaba en el blog Más grande era Roma (http://masgranderaroma.blogspot.com.es/).

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