Emma y la España Vaciada, articulo de opinión de Eduardo Egea

Chismorrea con tus amigos

Cualquiera que me conozca personalmente y lea estas líneas estará pensando “Anda, Eduardo va a hablar de su mujer”.

Pues no.

Aunque comparten el nombre, es de otra Emma de la que os quiero hablar.

Y, ¡ojo!, como veréis al final, podría hablaros de otras muchas Emmas que, sin compartir nombre, comparten un mismo papel.

Emma es profesora de música en uno de los CRA (Colegio Rural Agrupado) por los que ando trabajando.

Solo con mirarle a los ojos ya atisba su fuerza interior. Te mantiene la mirada como si de una partida de mus se tratara y asomándote a sus pupilas ya puedes sospechar que tras ellas se atesoran unas ganas de comerse el mundo que casi se le salen por la boca.

Emma es una de esas profesoras nuevas que tienen como destino errar por las tierras de Aragón hasta encontrar un sitio fijo. Le ha tocado una zona que nadie quiere porque nadie valora. Una zona donde cada año los maestros son nuevos porque están de paso. Una zona repleta de huellas pequeñas, porque la mayoría pasan de puntillas, sin hacer ruido, sin dejar rastro…esto no va con Emma.

Emma como buena motera sabe que en las curvas es donde uno se lo pasa bien, y ante la adversidad, le da gas a fondo y disfruta al saber que lo tiene todo bajo control.

A Emma le ha tocado ser la figura del COFOTAC. Detrás de este palabro malsonante se esconde la encomienda que recibe un profesor en los centros escolares aragoneses para encargarse de mantener los equipos informáticos y multimedia con los que se imparten las clases. Nuevas tecnologías se llaman, aunque viendo como manejan los equipos los más pequeños, más que nuevas, parecen viejas y obsoletas para ellos.

Los recursos de educación son más bien escasos, pero es que si además caes en un pueblecito pequeño con pocos alumnos, de esos que se salvan de milagro, de los de la España rural, de la vaciada, los recursos se limitan al sálvese quien pueda y al Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.

A Emma le gustan los retos.

Lejos de pasar de puntillas Emma camina con paso firme, no se achanta si se tiene que tirar bajo una mesa o subirse encima si hay que pasar un cable, sube las escaleras de 3 en 3, piensa a lo grande en el inmenso vacío que supone resistir en un pueblo tan pequeño. Empeño, le llaman.

Este año Emma ha conseguido cambiar su entorno y, al cambiarlo, ha conseguido cambiárselo a los alumnos de su colegio. Pasicos cortos, pero profundos. Nada de ir de puntillas. Con ayuda de su servicio provincial, mostrando interés e incluso insistencia, con la colaboración de todos los que ha conseguido implicar, ha logrado que en su colegio haya una nueva aula informática con nuevos equipos reciclados, pero suficientes. Ha conseguido que el ayuntamiento haya pasado cable hasta una zona que no tenía red. Ha incrementado la cobertura de la red Wifi…ha logrado que los alumnos de su colegio tengan nuevas oportunidades, estén un poco más cerca de la España “de verdad”, de la “ocupada”.

Son espíritus ansiosos los que logran cambiar el entorno. Los que no se rinden. Los que creen firmemente que granito a granito se construye la utopía.

Gracias a Emma y a muchas Emmas que son como ella, a pesar de llamarse distinto, sigo manteniendo la esperanza. No se trata seguramente de esperar sentado a que las cosas nos las traigan desde fuera, se trata de no reblar y salir a buscarlas.

Gracias Emma.

Chismorrea con tus amigos

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