Androides, intolerancia y empatía, opinión de Vicente Dobato

Chismorrea con tus amigos

Posiblemente el peor pecado de la naturaleza humana sea la intolerancia. La historia abunda en pasajes trágicos fruto de manifestaciones de testarudez e intransigencia. Quien no cree en los dogmas de la única religión verdadera es un infame cuando no un criminal, quien se aparta de sus exigencias es un lacayo de oscuras fuerzas desestabilizadoras del mundo.

Son la pasión del místico, la estrechez de miras, las anteojeras de la acémila, el egocentrismo, el dudoso valor del poseído por sí mismo, las lacras que avivan la cerrazón del ungido. Encaramados en los púlpitos de las redes sociales postulan sin escrúpulo sobre cualquier ciencia o materia que se preste al vapuleo. Iracundos predicadores transmutados en Jehovás, tronando su odio y maldiciones contra todos los que no participan de sus criterios, orgullosos de su dureza y peligrosamente alegres por su violencia.

Y viene al hilo, esta expansión, por el hecho constatado de las que sí proliferan cada día aventándose en todas direcciones, sobre políticamayormente, y sobre cualquier otra materia trending topic del día.

Es en twitter, facebook o instagram donde las expansiones de enigmáticos y a veces anónimos personajes cobran especial relevancia por su virulencia y agresividad.

Se dice, en líneas generales, todo lo que uno no sería capaz de decir en los términos de un diálogo normal entre semejantes y con gran frecuencia, apelando a los considerados en general como los más altos valores humanos.

No percibo yo estas sutilezas que tanto ofenden a todos y cuando verdaderamente me resultan ofensivas no veo el momento de intervenir ante el miedo a las reglas de la  corrección, que ignoro en toda su compleja maraña.

Y digo todo esto con cierto fundamento, dado que mal que bien, dedico parte de mi tiempo a frecuentar las denominadas redes sociales. No tal vez, con la atención que parece ser prestan algunos a los que ofende en lo más profundo cada asunto que allí se airea, pero si con la suficiente como para captar el lado más irracional de mis congéneres.

¿Congéneres o androides? Androides programados mediante complejos algoritmos, difíciles de reconocer, de intrincadas empatías o carentes de ellas, como los robots de Blade Runner.

Retomo lo que al principio me ocupaba y preocupaba, la contumacia y la cerrazón de los predicadores y jueces de la nueva religiosidad, que condenan por el prejuicio –el más duro, el más inflexible de los juicios– , alumbrados por erráticos pensamientos que hacen de ellos unos espíritus obtusos y rigoristas. Ahonden en si mismos estos Savonarolas de nuevo cuño puesto que su intolerancia siempre, en el fondo, procede de una incomprensión íntima.

Artículo de opinión de Vicente Dobato Liedana, Presidente Comite Local PAR Alcañiz

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